Y odiar ser eso , un clavo ardiendo. Algo a lo que aferrarse
cuando no te queda nada, alguien a quien recurrir si el resto te falla, si los
demás te abandonan. Pero, ¿acaso importa lo que yo sienta? A veces creo que no,
que soy solo aquello en lo que queréis que me convierta en cada momento; un
dado con miles de caras, millones. Un dado
que tiráis al aire una y otra vez, y si no os convence el resultado:
repetís.
Claro que me rompo, varias veces al día. No lo veis, o fingís
no verlo; no lo sé, no quiero saberlo.