Dicen que hay trenes que solo pasan una vez en la vida.
Nadie habla de los cambios de horario, de los trasbordos, de los retrasos…Nadie
se para a pensar que, en cuestión de horas, en el mismo andén, otra secuencia
de vagones con el mismo destino va a irrumpir en nuestra vida. Es curioso que
nos conociéramos en una estación, aunque, a decir verdad, no creo en las
casualidades...no es casualidad que yo ahora escriba desde el mismo banco que
compartí contigo durante las cuatro horas más sinceras de mi vida.
Recuerdo cada palabra que salió de tu boca aquella madrugada
de primavera en que el sol no se atrevía a salir...brillabas mucho más que él,
recuerdo que lo primero que pronunciaste fue un insulto hacia el sistema, hacia
la incompetencia de la empresa de transportes. Yo no te escuchaba, solo podía
quedarme prisionera en el tono de tu voz, no hablabas con nadie y mucho menos
conmigo, hablabas con el aire, aire por el que me habría cambiado mil veces con
tal de seguir tu camino.
Mentiría si dijese que se me cayó la carpeta, quiso volar de
mis dedos al suelo para que tú la recogieras, para que, por obra de la
caprichosa gravedad, me mirases a los ojos al devolvérmela. Mentiría si dijese
que tus ojos me cautivaron, que tu sonrisa era perfecta, que tu semblante
invitaba a quererte. Mentiría, pero nunca lo escucharás de mi boca, prefiero
saber que puedes confiar en mí. ¿Tus ojos? Apagados, solo me decían que algo
malo te había llevado a estar esperando a aquellas horas por un tren que no
quería llegar. ¿Sonrisa? No…no sonreías, ni siquiera pude imaginar cómo
quedaría dibujada al lado de la mía. Y tu rostro…reflejaba la tensión que más
tarde compartirías conmigo, pero aún así, escondía algo más profundo, un
sentimiento liviano que hacía que todo a mi alrededor me invitara a tratar de
hacer tu larga estancia en el banco un poco más llevadera.
Podría hablarte de cada vez que he pensado que puedo volver
a tocarte, podría contarte que nunca he visto a nadie más seguro de sus
palabras, podría decirte millones de cosas que han cruzado mi mente…pero, en
lugar de eso, puedo decir que te quiero.
Ahora que lo sabes, ahora que has descubierto que no todas
las palabras se las lleva el viento, ahora que has visto que todo puede pasar,
que hoy espero el mismo tren que hace tres meses tú esperabas, ahora que confío
en que puedas aparecer de nuevo en mi vida para que la gravedad no me venza.
Ahora, y solo ahora puedo decir que me encantaría saber tu nombre, que me muero
por decirte el mío, que quiero iluminar tu mirada, quiero ver cómo te
emocionas. Ahora…todo lo que quiero es hacerte sentir.