domingo, 1 de febrero de 2015

Febrero

Dos años y 363 días han pasado desde la última vez que me he sentido así. Tanto tiempo desde la última vez que he sentido que el aire no me llegaba a los pulmones. Casi tres años desde que un frío me invadió empezando por el interior y acabando por dominar todo mi cuerpo.

Y no es mayor la pérdida, ni siquiera lo es. Quizá no fuese eso lo que me llevase a temblar en aquel momento, sino el miedo. El mismo miedo irracional que ahora me tiene prisionera. Porque no es racional temer a nada, dicen que cuando crees firmemente en algo, o en alguien, no tienes miedo a nada. Y yo estoy aterrada. Puede que lo que más tema, al final, sea a la realidad.

Es tan sencillo, tan cómodo, vivir una ficción que creas para ti, que de pronto te ves en un mundo diferente al que habías imaginado, mucho más cruel, mucho más simple y mucho más desconsiderado. Que en ese mundo real nadie se preocupa por ti, ya no eres el protagonista de tu propia historia.

Ahora ya solo queda esperar, esperar a que el frío se vaya, a que el miedo me abandone, para poder enfrentarme de nuevo a un espejo, para volver a empezar de cero por dentro, para poner en contador a cero después de la nueva ruptura.

Porque hay meses para los rubios y para los morenos, los castaños y los pelirrojos… pero febrero no es para nadie, febrero está destinado al dolor.