Te miro, te miro y sé que no estás bien, lo sé, te conozco.
¿No lo vas a reconocer, verdad? Sé que te has enfadado, no conmigo, pero hay
cosas que no se pueden esconder, no se pueden disimular. No…no llores, por
favor, no soporto verte así, me rompes el alma. No sufras, haría lo imposible
por estar ahí para abrazarte, perdóname una vez más por ser solo capaz de
escribir esto, nunca decirlo en voz alta. No es la soledad que me abruma la que
me da miedo, sino la que sé que sientes…la veo, veo las cosas invisibles, las
que realmente me llegan al corazón.
¿Ves esa estrella? La que está al lado de ésa tan brillante…ésa
soy yo, la que brilla tanto eres tú, con tu fuerza, esa fuerza que te empeñas
en negar pero que es palpable a distancia. La otra, yo, no brilla tanto, ¿sabes
por qué? Porque es la más brillante la que guía sus pasos en ese camino eterno
de su existencia.
Sonríe, hazme ese favor, no es pequeño, lo sé; inmenso. Pero
es que…verte sonreír, tan solo imaginar que lo haces, que lo intentas…llena
este vacío que me domina cuando te despides de mí.
Nunca admitiré lo que hay dentro de mi porque es la parte
que más temo en el mundo.
Te miro, te miro y sé que no estás bien, sonríe y todo habrá
acabado.