En alguna parte de mi cabeza algo gritaba cada día que no serías diferente, que tarde o temprano dejarías de ser tanto para ser tan poco.
Esa parte que llaman conciencia, ésa que avisa hasta la saciedad sin conseguir nunca que se la escuche.
Ahora solo queda cambiar de opinión, darse cuenta de que el corazón no es más que un músculo, una de las pocas cosas incapaces de doler, paradójicamente.
Y tú, a quien pensaba eterno en el limbo de mi mente...has pasado a formar parte de un todo abstracto, oscuro, en el que nadie vale más que nadie. En ese lugar remoto del que no me resigno a salvar a cualquiera.
Tan solo eres eso ahora, un cualquiera que un día se atrevió a serlo todo. Te atreviste a conocerme... a dejarte conocer, o eso es lo que quise creer.
Las cosas que me gustaría decir y no me atrevo, por cualquier razón, las escribo aquí, porque sé que nadie las va a leer.
viernes, 16 de mayo de 2014
_
viernes, 9 de mayo de 2014
El reflejo de tu vida
Nunca he vuelto a escuchar después de ti. No he vuelto a atreverme a que nadie me confesase su verdad. Supongo que es parte de lo que llaman vida...un día te das cuenta de que no necesitas saber nada más de nadie, que ya no queda nada que puedas aprender de la boca de los demás.
Ahora solo quedáis tú, tu sombra y tu reflejo.
Y te miras...miras atrás y ves en penumbra lo que un día fuiste, puedes tratar de alcanzarlo, pero se alejará con cada paso que des en su busca.
Desistes. Fijas la vista en tu futuro, que no aparta la mirada, que solo parpadea si tú le concedes ese permiso. Lo tocas...tu mano contra el cristal, esa fina capa que te separa del destino: futuro más presente a cada segundo.
Pero como tú dijiste, solo existe el tiempo presente, no hay más formas de afrontar nuestra existencia. Siempre somos los mismos, solo nos transformamos.