En alguna parte de mi cabeza algo gritaba cada día que no serías diferente, que tarde o temprano dejarías de ser tanto para ser tan poco.
Esa parte que llaman conciencia, ésa que avisa hasta la saciedad sin conseguir nunca que se la escuche.
Ahora solo queda cambiar de opinión, darse cuenta de que el corazón no es más que un músculo, una de las pocas cosas incapaces de doler, paradójicamente.
Y tú, a quien pensaba eterno en el limbo de mi mente...has pasado a formar parte de un todo abstracto, oscuro, en el que nadie vale más que nadie. En ese lugar remoto del que no me resigno a salvar a cualquiera.
Tan solo eres eso ahora, un cualquiera que un día se atrevió a serlo todo. Te atreviste a conocerme... a dejarte conocer, o eso es lo que quise creer.
Las cosas que me gustaría decir y no me atrevo, por cualquier razón, las escribo aquí, porque sé que nadie las va a leer.
viernes, 16 de mayo de 2014
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