miércoles, 23 de julio de 2014

El viaje hacia tus brazos

Mi último segundo de vida se lo dediqué al silencio. Al silencio entre dos notas de una pieza preciosa compuesta para guitarra y viento...el sonido más bonito con el que podría abandonar este mundo.
En ese instante de soledad forzada, alejándome del mundo, de ti, del dolor...solo entonces pude comprender lo que de verdad habías querido decir con ese último adiós, con el definitivo.
Mientras me dejaba arrastrar hacia las sombras, mientras mi cuerpo luchaba contra el mínimo ápice de cordura que quedaba intacto en mi mente, te vi por última vez en mis recuerdos, con tu sonrisa de siempre, con esa mirada apagada que solo yo sabía encender en las noches más oscuras...te pude disfrutar otra vez tal y como solías ser.
Los párpados me pesaban, y por una vez dejé que el destino me venciese sin luchar, no como todas aquellas noches que combatíamos juntos el amanecer, peleando por aprovechar cada segundo que le quedaba a la locura alumbrada por la luna.
Recuerdo mecer mi sueño en un tiempo de tres por cuatro marcado por una melodía en re menor, una decadencia exquisita que me acompañaba en el viaje hacia tus brazos, como si estos fueran capaces de salvarme de un final latente, irremediable, perfecto.
Siempre he escuchado decir que lo último que se ve antes de pasar de este mundo al vacío es tu vida pasar en imágenes, yo solo pude verte a ti...realmente nada fuera de lo estipulado, te vi a ti, vi todo lo que la vida ha significado para mí desde un principio.

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