jueves, 4 de abril de 2013

Canciones de una vida

Cierras los ojos y dejas que todo lo vivido se funda en cada una de las notas que salen de ese viejo reproductor de música... casi no te fijas en la letra, esas palabras que salen de voces conocidas, te las sabes de memoria, voces que te llevan acompañando mucho tiempo. Tampoco tiene sentido prestar atención a la melodía, suave en ocasiones, frenética en otras. Lo único que te llama la atención es ese ligero roce que produce el disco al dar vueltas...ese sonido tan acompasado y relajante.
Se aleja, te acostumbras a él, y pasas a escuchar otra vez las letras unidas al son de una guitarra con una batería de fondo, lenta, que te adormece; cuerdas desgastadas, ese ligero tono metálico. Esa frase...esa frase que encaja a la perfección con tu estado de ánimo solo puede hacerte sonreír.
Y con esa sinfonía los ojos cerrados se convierten en la fortaleza que protege tus sueños, porque sabes que al despertar ya no quedarán palabras, tan solo el roce del disco al girar...

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