viernes, 30 de agosto de 2013

Te odio

Te odio.
Hoy hablo con una página en blanco que me asusta. Ni una arruga, ni un desperfecto, reluce. Papel sin estrenar esperando un dibujo, una carta de amor, un avión cargado de sueños destinado a volar.
Eres mi cruz, no puedo hacerlo, no recuerdo cómo se hacía… Cómo antes podía contarte mi verdad más absoluta. Pero esta vez no soy yo, no soy capaz.
Y me das miedo. Cada fibra que te compone me desgarra el alma, indefensa ante tu grandeza, que me convierte en el ser más indefenso.
Siempre me has enamorado y de repente, al mirarte, solo albergo dudas. Si no sé lo que decir, no sé quien soy.
Esta noche me he perdido en tu inmensidad y nadie sabe si podré salir de ella. Nunca he sabido valorarte lo que mereces y ahora me devuelves la desconfianza.

Esta noche ganas tú, esta noche me abandono, esta noche no eres mío, quizá nunca lo hayas sido.

sábado, 24 de agosto de 2013

Por querer ser

Ser un copo de nieve que juega con el viento, que se deja arrastrar por su caprichoso movimiento, que oscila esquivando cada obstáculo para terminar muriendo en el suelo, fundiéndose con una nueva vida, formando esa capa blanquecina.

Ser un teléfono apagado recibiendo llamadas, ignorando las noticias, enfriando con el tiempo, ahogando malas palabras, alejando la realidad.

Ser ese haz de luz que entra por cada ventana al nacer el día, despertando la parte más sincera de cada alma dormida.



…y por querer ser, acabé siendo yo.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Delirio de un sueño

Ya no sé si te he soñado,
si realmente te he tocado.
Si mis labios te han rozado,
si mi mente lo ha creado.

Ya no sé si eres real
o un reflejo en el cristal.
Si eres tú mi realidad
o mentira en la verdad.

Que no sé si es un error
el vivir de una emoción,
despertar el corazón
desterrando la razón.

Y no sé nada, ¡no lo intentes!
al mentir yo sé que mientes,
si susurras en mis dientes
todo aquello que no sientes.

martes, 13 de agosto de 2013

La grandeza de lo pequeño

De cerca las cosas no se ven claras, de lejos no se distinguen, a una distancia media no se puede apreciar lo importante. Me encanta ser pequeña, todo se ve enorme, tan grande como el significado tan profundo que esconde cualquier detalle que parezca insignificante…insignificante como todos y cada uno de nosotros.

Esos aires de grandeza que se da la gente, que solo hacen que parezcan más distantes…la gente se quiere demasiado y eso los hace vulnerables: no saben querer a los demás, desarmados ante un cariño que viene de fuera, de otra persona dispuesta a compartir un sentimiento.


Cuando crecer es hacerse pequeño y el cariño mostrado devuelve más satisfacción que el recibido, cuando las palabras dejan de cobrar importancia y solo una mirada te puede salvar la vida, cuando aprendemos a ser nosotros y no quien creemos ser… solo entonces hemos vivido.

martes, 6 de agosto de 2013

Las mentiras son verdad cuando las porta el viento

Millones de recuerdos empañados en lágrimas gélidas que solo cuentan historias de lo vivo lejano, de aquello que un día aconteció sin razón de ser.
El fallo es que son recuerdos de papel, que se deshacen con la lluvia y pierden su significado. Son recuerdos de una mentira interiorizada tanto tiempo que ha llegado a convertirse en verdad. Como las palabras que lleva el viento, cambia su significado a su caprichoso antojo, sin saber la importancia que éstas puedan otorgar a quien las recibe.
Por eso gritamos, para que las verdades que duelen sean modificadas hasta que estén irreconocibles, listas para aceptarlas.

lunes, 5 de agosto de 2013

Llorar

Llorar significa mucho más que una muestra de debilidad, sentimiento, miedo...quiere decir precisamente la falta de miedo, aprender a exteriorizar lo que tememos. A tu lado he llorado más que nunca, he vivido todo lo que no me había si quiera atrevido a soñar. Aun habiéndote ido te has convertido en mi despertador...mi despertador porque eres la razón por la que cada mañana abro los ojos para sonreír. 

El tiempo

¿Fuiste tú? ¿He sido yo? Ha sido el tiempo, el que nos lo ha robado todo. Pero yo estaba aquí, tú estabas conmigo, siempre juntos...hemos amoldado el reloj al compás de nuestro caminar. Tienes razón, el tiempo corría a nuestro favor, pero no hemos sabido aprovecharlo, sino tan solo agotarlo. Eso no es del todo cierto, quedan muchos recuerdos por tejer cada noche a tu lado para rememorar cada despertar helado. No es lo que queda, es lo que fue. Todo tiene su final, es inútil tratar de alargar lo inevitable. ¿Por qué? ¿Por qué no desafiar otra vez el rumbo del mundo? Nunca hemos tenido miedo de enfrentarnos a nada. Esto no es miedo, es valor. El valor que me hace falta para irme. No lo hagas. Debo hacerlo. ¿Quieres hacerlo? Debo hacerlo...

viernes, 2 de agosto de 2013

Si te pierdes yo te encuentro

Dicen que todo lo que somos está escrito en las cicatrices que el paso del tiempo deja dentro de nosotros. Aprender a leer esas marcas constituye quizá la única forma de llegar a conocernos de verdad, ser capaces de querernos como nadie nos haya querido jamás. Hay quien dice que no hay heridas en el alma, pero todo lo que nos pasa queda grabado en ese lugar de oculto acceso. Una sonrisa deja un pequeño atisbo de calma en ella, una mala cara puede borrar toda la felicidad que aspirábamos a conseguir. Pero, sobre todo, nuestro propio ánimo, nuestro enemigo más fuerte, ése que nunca se rinde. No se rinde no porque seamos débiles, sino porque es una batalla que luchamos contra nosotros mismos, lo que hace que siempre acabemos perdiendo una parte de nuestro ser. Es eso lo que aterra a la gente: perderse. Si te pierdes y no hay nadie que te encuentre, tu vida pasa a carecer de sentido, una vida sin futuro, solo un presente sin sol que lleva a la confusión de quien no sabe dónde va, de dónde viene. Alguien que no sabe realmente quién es pero tampoco le interesa descubrirlo. Temerse a sí mismo es el mayor error que se puede cometer. Se le puede tener miedo a la oscuridad, a la soledad, a la muerte…pero nunca a quien está en un rincón de nuestra mente, es esa pequeña porción del ser humano la que le protege del resto de los temores. ¿Tendría sentido temer a quien te va a salvar?