viernes, 2 de agosto de 2013

Si te pierdes yo te encuentro

Dicen que todo lo que somos está escrito en las cicatrices que el paso del tiempo deja dentro de nosotros. Aprender a leer esas marcas constituye quizá la única forma de llegar a conocernos de verdad, ser capaces de querernos como nadie nos haya querido jamás. Hay quien dice que no hay heridas en el alma, pero todo lo que nos pasa queda grabado en ese lugar de oculto acceso. Una sonrisa deja un pequeño atisbo de calma en ella, una mala cara puede borrar toda la felicidad que aspirábamos a conseguir. Pero, sobre todo, nuestro propio ánimo, nuestro enemigo más fuerte, ése que nunca se rinde. No se rinde no porque seamos débiles, sino porque es una batalla que luchamos contra nosotros mismos, lo que hace que siempre acabemos perdiendo una parte de nuestro ser. Es eso lo que aterra a la gente: perderse. Si te pierdes y no hay nadie que te encuentre, tu vida pasa a carecer de sentido, una vida sin futuro, solo un presente sin sol que lleva a la confusión de quien no sabe dónde va, de dónde viene. Alguien que no sabe realmente quién es pero tampoco le interesa descubrirlo. Temerse a sí mismo es el mayor error que se puede cometer. Se le puede tener miedo a la oscuridad, a la soledad, a la muerte…pero nunca a quien está en un rincón de nuestra mente, es esa pequeña porción del ser humano la que le protege del resto de los temores. ¿Tendría sentido temer a quien te va a salvar?

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