Millones de recuerdos empañados en lágrimas gélidas que solo cuentan historias de lo vivo lejano, de aquello que un día aconteció sin razón de ser.
El fallo es que son recuerdos de papel, que se deshacen con la lluvia y pierden su significado. Son recuerdos de una mentira interiorizada tanto tiempo que ha llegado a convertirse en verdad. Como las palabras que lleva el viento, cambia su significado a su caprichoso antojo, sin saber la importancia que éstas puedan otorgar a quien las recibe.
Por eso gritamos, para que las verdades que duelen sean modificadas hasta que estén irreconocibles, listas para aceptarlas.
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