sábado, 29 de diciembre de 2012

_

¿Quién eres? ¿Quién soy? 
Es una pena que nunca vayamos a encontrar las repuestas a esas dos fatídicas y eternas preguntas. Puede que sea solo cuestión de miedo, que realmente tengamos la verdad escondida dentro de cada uno de nosotros pero...pero que no nos atrevamos a mirarla. Sí, nos tememos a nosotros como a nada en la vida. Porque no podemos dejarnos a un lado, no podemos ignorarnos, no podemos huir de lo que somos.
Mucha gente no necesita huir de sí, yo no lo necesito aunque a veces lo desee. Es más fácil hacerlo, no digo que no, pero merece la pena darse la vuelta y enfrentarse a uno mismo, mirarse a los ojos del alma y decirnos a nuestra propia cara lo que pensamos de la persona en la que a lo largo del tiempo nos hemos ido convirtiendo. Es fácil, es solo enfrentarse a la vida con la mente clara.
Hace poco dije que yo no sabía hablar de la vida, y es verdad, la vida está para vivirla, no para publicar comentarios sobre ella, ni para ponerle pegas. Vive la vida...tópico y típico, pero hasta que no seamos capaces de cumplirlo, no importa las veces que se repita.
¿Quién eres? ¿Quién soy?
Eres todo lo que te propongas ser.
Soy lo que yo me permita.
Dependes de ti. Dependo de mi.

martes, 11 de diciembre de 2012

Cada golpe: contigo

A cada golpe, cada fracaso...nos hacemos más fuertes. Cuando salimos del bache nos hemos convertido en algo un poco diferente. Para llegar a ser grande antes hay que haber sido muy pequeño. Para poder ganar tenemos que perder muchas veces. Las cosas no llegan solas: se obtienen. Tanto las buenas como las malas, nada ocurre por azahar, absolutamente todo lo que vivimos, todo lo que sufrimos: lo merecemos.
Duele saber que para poder crecer, a veces hay que herir a alguien. Alguien que sabes que, aunque sufra por ti, no te va a abandonar. Alguien que te aprecia demasiado como para dejarte en la estacada. Siempre la misma persona, ¿verdad? Parece que nunca se cansa de esperar; de esperarte. De nada sirve pensar que no mereves tanto, de nada sirve que intentes alejarte para no hacerle más daño. Y no sirve de nada porque se mueve a tu lado, y nunca deja que te hundas, que te caigas...está pese a todo contigo.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Los días no vividos

Cuatro palabras sencillas, simples...pero que lo abarcan todo. Lo que nos gustaría haber vivido, lo que nos queda por vivir. Ese abrazo nunca dado, esa mirada nunca cruzada, esas palabras que se quedaron en un suspiro. Todo y cuanto nos hemos arrepentido de no haber aprovechado mejor, el eco de lo que el tiempo no nos devolverá.
Todos tenemos cosas por cumplir, pero si en vez de verlas como algo que tenía que haber pasado, las miramos como metas que alcanzar en un futuro...tendremos mucho ganado, la mitad del camino recorrido.

jueves, 6 de diciembre de 2012

El eco de su risa

Acordarse de ciertas personas cuando vemos su sillón vacío, cuando de pronto una chaqueta huele a ella. Una cena, un momento que siempre has compartido...y que ahora tiene un sitio libre. Ahora te quedas mirando una imagen que es lo único que te la devuelve por unos segundos, o una de esas notas que te dejaba, el eco de su risa... Las fechas que nos traen esos recuerdos de todo lo vivido a su lado, y de lo que podías haber vivido. Las malas palabras que te arrepientes de no haber convertido en sonrisas; los abrazos...esos abrazos fuertes que podías haber alargado unos segundos más... Ella, que regresa por momentos.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Piensa como tú

En diciembre no se acaba el mundo, el 13 no trae mala suerte, un día que empieza mal puede acabar bien. Nos han metido desde pequeños ideas equivocadas en la cabeza. No tenemos que pensar como los demás, sino como nosotros. Si todos ven algo negro; intenta ver un destello blanco. Si el resto cree que algo malo se acerca; recuerda todo lo bueno que has vivido.
No estamos hechos para ser un prototipo, ni para seguir modas, ni para marcarlas... Estamos hechos para ser como queramos ser, solo para ser como nosotros mismos. Nadie puede decidir por nosotros a la hora de la verdad, porque nunca hemos de permitirlo. Nadie más que nosotros puede vivir nuestra vida, porque nunca dejará de ser eso...nuestra.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Una gota de agua

Una gota de lluvia deslizándose por la ventana me ha hecho madurar. Al ver cómo iba recogiendo otras gotas de menos tamaño y las arrastraba a su paso me he dado cuenta de que a nosotros nos pasa exactamente lo mismo, unos nos arrastramos a otros hacia el mismo lugar, cuando solo uno debería caer.
La gota aumenta su tamaño, nosotros la preocupación de aquellos a lo que nos llevamos por delante. La gota no frena, nosotros tenemos esa capacidad y no la aprovechamos. Al ver que cada vez iba más rápido me he fijado en que somos idénticos a ellas, cuando algo va mal, vamos más rápido, intentamos huir, sin darnos cuenta de que solo vamos a conseguir llegar antes al dolor, al final, al golpe...a la cornisa de la ventana.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Otro error

¿Y si me equivoqué aquella vez? ¿Y si me he vuelto a equivocar? Con una sola mirada puedes decir tanto y tan poco; con un solo asentimiento o una negación lo puedes perder y ganar todo. Esta vez creo que ha sido un error de los grandes, de los que no te dejan dormir varias noches, de esos que te congelan el alma y no te dejan pensar, de los que duelen más por dentro que por fuera.
Y si es verdad que me acabo de equivocar, no entiendo por qué solo lo puedo admitir ante mi y no ante los demás, en quienes ha recaído mi error. Ah, sí...el orgullo, mi fatídico compañero que no se digna a abandonarme ni un solo día entero, ¿algún día lograré que se vaya? sueño con ello desde hace mucho tiempo, demasiado tiempo.
Una vez más, el problema vuelve a ser el tiempo, el que tenemos, el que nos sobra...y el que nos falta, ese siempre está presente, listo para tirársenos encima y ahogarnos el sentido. ¿A quién no le ha faltado tiempo para despedirse de alguien? ¿Quién no ha desperdiciado el tiempo y más tarde se ha arrepentido? ¿Quién? Yo no.
Queramos o no, siempre seguiremos siendo los mismos por dentro aunque nuestro cuerpo cambie, aunque dejemos de ser niños, aunque pasemos a ser ancianos...existe una parte de nosotros que nunca cambia: el corazón. Puede que se endurezca, que se oculte, que se rompa...pero siempre va a ser con el que nacimos y con el que moriremos. Son todos tan diferentes entre sí, tan bonitos, con tantas pasiones, tantos secretos, tantos sentimientos, sensaciones...tan únicos.
Pero hay un rinconcito en ese corazón que lo tenemos reservado para los malos momentos, y se expande tan rápido que no nos deja reaccionar, que lo envenena todo antes de que nos podamos dar cuenta, y cuando vemos el producto final: un pedacito de nosotros muere.
Hoy ha muerto una parte inmensa de mi, y no soy ni la mitad de fuerte de lo que hay que ser para reconstruirme por dentro, yo necesito que alguien me traiga el cemento, que otros me ayuden a colocar los ladrillos...que poco a poco, vuelvan a alzar la catedral de mi ser.

jueves, 15 de noviembre de 2012

No me entiendo

No entiendo qué me pasa a veces por la cabeza. No puedo entender cómo me puede cambiar el humor en una fracción de segundo. No soy capaz de asimilar que sepa ser la persona más comprensiva y una pesadilla viva.
Esas ocasiones en las que lo correcto sería callarse y dejar el tiempo pasar en silencio, pero esa necesidad de decir algo que lo rompe todo, una palabra que nunca debería de haber sido dicha.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Aceptar...

Otra vez...siempre vuelve a pasar lo mismo. Cuando crees que esta vez es diferente, que irá bien hasta el final; llega impasible, como siempre, aquello que te hará darte cuenta de que las cosas no están diseñadas para acabar bien.
Y cuando no te queda más remedio que aceptarlo, te das cuenta de que lo sabías desde el principio, que sabías que de una forma u otra, lo que empezó siendo bonito, divertido...se convertiría en el peor recuerdo de muchos.
Aceptarlo es lo que más duele, aceptarlo es lo que realmente nos afecta, lo que nos deja indefensos ante la vida de la que nos llevábamos escondiendo todo ese tiempo atrás.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Perdón eterno

Me paso la vida pidiendo perdón, y pido perdón constantemente porque no hago más que cometer errores, siempre los mismos, cada día más acentuados y más difíciles de corregir a medida que el tiempo avanza.
Me canso, me canso de cagarla siempre con las mismas personas, al igual que creo y temo que un día ellas se cansen de perdonármelo todo, una y otra vez.
Y vuelvo a equivocarme, sé que me equivoco incluso antes de cometer el error. Lo sé y no le pongo solución. Quizá porque solo pienso en mi, y no en que cada una de las veces que hago algo de lo que más tarde me arrepentiré, hago daño a alguien. Puede que sea un daño efímero, algo casi imperceptible, pero que  día a día se convierte en algo doloroso para cualquiera.
Espero ser capaz algún día de pedir perdón por última vez, ser capaz de dejar de herir a quien más quiero.

domingo, 21 de octubre de 2012

Podemos elegir

Nadie elige nacer en un sitio o en otro, nadie elige si tendrá hermanos, nadie elige ser más o menos guapo. Pero sí podemos elegir la gente con la que queremos caminar por la vida. Podemos elegir buscarlos cerca, o hacerlo lejos. Podemos elegir luchar por acortar distancias. Podemos elegir hacer de un kilómetro un centímetro, solo con desearlo. Podemos conservar la esperanza sabiendo que un día llegará. Podemos elegir cómo pasar ese tiempo hasta que se cumpla: con alegría o con angustia. Pero...si lo hacemos bien, qué bonito puede ser el encuentro.
No podemos saber si alguna vez en nuestra vida alguien nos hará daño, pero podemos decidir no herir a los demás.
No podemos elegir el día de nuestro final, pero podemos acabar nuestra vida sonriendo.
No puedo tenerte a mi lado, pero puedo sentir tu mano que me ayuda a caminar.

domingo, 30 de septiembre de 2012

¬¬

Te despiertas, enfadado con el mundo, y solo quieres estar solo, que nadie te hable, que te ignoren y te dejen en paz. Necesitas aire y sales, mirando al suelo, examinando las baldosas como nunca antes lo habías hecho. Hace frío y no te importa no ir abrigado, el viento fresco te aclara la mente, es el único que lo hace, el único que te ayuda, escuchando tus pensamientos en silencio, sin emitir juicio alguno.
Llegas a un parque y te sientas en el banco más alejado que encuentras, te sientas sobre el respaldo, dejando los pies en el asiento, clavas los codos en las rodillas y hundes la cara entre tus manos. Lloras en silencio, pero no brota de tus ojos lágrima alguna, es un llanto apagado...que tan solo deja escapar un leve quejido casi imperceptible.
No miras lo que pasa alrededor, la belleza que te rodea, como tampoco caes en la cuenta de que aún no ha amanecido, que eres la única persona en ese parque, que la angustia que te asola por dentro puede ser fruto de esa soledad provocada, que has buscado y encontrado sin ayuda de nadie.
Los minutos pasan y tu dolor interno no cesa, sino que crece a pasos agigantados al mismo tiempo que el sol asoma entre las montañas que podrías ver a lo lejos si levantaras la mirada.
Empieza a haber luz, las farolas desisten en su empeño para dejar brillar al astro rey, y tú sigues como antes, confuso. La gente sale como cada mañana, pero para ti no lo es, no es una mañana cualquiera, es un mal día que nadie ni nada puede arreglar.
Has salido a la calle con la esperanza de encontrar algo que no has hallado: una respuesta, una respuesta que te explique el porqué de las cosas, algo que te convenza de que merece la pena seguir luchando por algo que ya has perdido no una, sino millones de veces.
No hay respuesta, no existe, nadie la tiene, todos la buscamos como si la fuésemos a encontrar en algún lugar, en alguno de nuestros refugios, estamos tan equivocados...

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Nunca te lloré

Más de media vida me ha hecho falta para comprender por qué nunca te lloré. A los siete años no puedes esperar que nadie te explique qué es la muerte, simplemente porque no lo vas a entender. Al igual que te sientan en una cama y te dan la noticia, te asustas, pero no lo comprendes...Solo días después cuando no la ves en su sillón de siempre, no solo un día, sino uno tras otro, y te das cuenta de que ya no va a volver.
Una segunda vez, ya sabes que te va a doler, pero no lloras, te contienes, te consideras mayor, pero solo tienes 12 años, no eres fuerte, lloras en soledad, en la cama...cuando nadie te ve, cuando nadie te escucha.
Pero te quedan dos semanas para cumplir los 15 y llega la tercera vez, y antes de que acaben de decir esa maldita frase, suavizada...te rompes, se te cae lo que tienes en las manos y buscas con desesperación un abrazo, no importa de quién.
Viendo ahora esto, con el tiempo, se ve la evolución, y solo una palabra lo define: grado de madurez.

domingo, 16 de septiembre de 2012

El comienzo


Un comienzo de algo que nunca había imaginado, eso es lo que pienso cuando no puedo dormir. Un simple comentario, algo inocente que lo cambió todo de golpe, algo que pocos entienden.
Empezar algo como un pasatiempo, como una diversión, y que sin que te des cuenta de cómo, se ha convertido en una parte más de ti. Miras a tu alrededor y si te falta esa parte hasta entonces oculta de ti, te falta también el aire, no puedes explicárselo a nadie, nadie lo entendería.
Algo tan sumamente estúpido e infantil como no saber de alguien durante cuatro días que te consume lentamente por dentro. Alguien de quien esperas mucho solo porque das mucho. Pero vuelve como si nada hubiese pasado, que es realmente la verdad, no ha pasado nada. Y te das cuenta sin ayuda de que ahora tienes que convivir con eso, que no lo puedes apartar simplemente de ti.  

lunes, 10 de septiembre de 2012

Tercer puesto

No me gusta ser la primera en nada, tampoco la segunda. Me gusta el tercer puesto. Todo tiene una explicación relativamente lógica, sencilla y puede que algo egoísta también.
En las relaciones entre las personas existe un primer "confidente", es aquél que inicia algo contigo, a quien le cuentas todo y por quien lo darías todo, incluso cuando esto no es correspondido en todo momento. Esta primera persona es para ti un ejemplo, algo a lo que te querrías parecer, algo perfecto.
A continuación se encuentra lo que yo denomino "segundo plato", es la persona más paciente del mundo, es quien siempre está ahí, también cuando la primera te falla, hace todo lo que le pides, casi siempre con una sonrisa...pero sabe de sobra que en cuanto tengas ocasión elegirás a la primera.
Y por último llega el "tercer puesto", el que a mi me gusta. Es alguien a quien no ves, que no te das cuenta de que está ahí hasta que realmente necesitas algo. Aparece de la nada, no te pide que le recompenses, solo te ayuda sin pedir nada a cambio. Te escucha y hace lo que está en su mano para hacerte sentir bien, y sabe que para ti solo es uno más, pero aún así lo hace de corazón. Y esto es así porque para ganarse el tercer puesto hay que ser alguien excepcional, porque ser el primero o el segundo es tan fácil como pegarse a alguien, conocerle, imitarle...
Pero el tercero es algo más complicado, el tercero te conoce sin hablarte, te mira y sabe lo que necesitas, se te acerca y hace aquello que esperabas que alguien hiciese...y te das cuenta de que siempre es la misma persona la que lo hace. Que los terceros existen, están escondidos en algún lugar, esperando a que alguien los necesite.
Déjame ser tu "tercer puesto"

jueves, 30 de agosto de 2012

Palabras desde un banco del parque

Necesitaba aire, he cogido los cascos, me he puesto ropa cómoda y he venido a un sitio tranquilo, este parque que hay al lado del colegio, el que tiene detrás una iglesia pequeñita. No hay mucha gente, solo algunas personas que pasean perros, por lo demás está desierto. Era lo que andaba buscando: brisa que anuncia la llegada del otoño, las primeras hojas que ya caen...soledad.
Quiero escribir sobre esa sensación tan extraña que tengo en el pecho, me duele al respirar, me duele por dentro, ésa que hace que la música no pase a mi corazón, que se quede en mi cabeza y de ahí se vaya sin pedir permiso.
Llevo ya bastante tiempo así, y no lo quiero admitir, no quiero parecer débil, pero lo soy, soy sumamente débil, frágil, quebradiza. No sé aceptar que necesito pedir un abrazo, o que me lo den sin preguntar. Un abrazo que me deje sin aliento, que se lo lleve lejos, que no deje que vuelva a mi hasta pasado un tiempo. Solo necesito un abrazo, pero nadie me lo da.
También quiero hablar de lo que se ha roto dentro de mi, no sé cuándo, cómo ni por qué...tampoco me interesa saberlo. Es algo parecido al dolor, pero no duele, se parece a un gran vacío, puede que sea eso, que se haya marchado una parte de mi alma, que se haya perdido en la inmensidad del mar.
De pronto se me ha venido el mundo abajo, los malos recuerdos, los temores que creía desterrados de mi para siempre, han vuelto, y lo han hecho con más fuerza que antes, con más pesar y de imprevisto.
Se me cierra el estómago cada vez que lo pienso, pero me da tanto miedo el futuro que no puedo remediarlo, me bloqueo y digo cosas sin sentido...puede que lo que escribo ni siquiera lo tenga, puede. Imaginar que todo cambiará, la gente, esta ciudad, yo...o que todo seguirá igual, me dan miedo ambas cosas.
Tenéis toda la razón del mundo si pensáis que soy una miedica, lo soy. Pero lo disimulo tan bien que a veces hasta me olvido de ello y me estalla en la cara. Éso es lo más duro, esconderte de lo que eres pero no quieres ser, es ese orgullo el que lo arrasa todo, tapando cualquier señal de cariño o afecto. Pero de repente llega alguien a tu vida que te pone una mano en el hombro y te dice que estés tranquila, que no pasa nada, alguien que no te da consejos, que simplemente está ahí, esperando por si necesitas algo.
Todos necesitamos que en algún momento ocurra esto, que ese alguien nos diga que podemos dejar de fingir, que ya podemos ser nosotros mismos.

Algo tan sencillo como apreciar

Parece ser que la gente me quiere mucho más de lo que yo creo, me he dado cuenta hoy, porque es un mal día. Está bien reconocer las cosas cuando son ciertas, reconocer errores, aceptarlos y superarlos, y yo hoy lo he tenido que hacer. He tenido que enfrentarme a lo que más miedo me da, y me he enfrentado a ello con esperanza solo porque sabía a ciencia cierta que había alguien sufriendo por lo que pudiera pasar, alguien aparte de mi misma. Y cuando me dieron el toque final, cuando me hundieron por completo...comprobé por enésima vez que seguía ahí, que esa persona no me había abandonado, se había quedado tan mal como yo, esperando una respuesta, una noticia...algo.
Solo en ese momento comprendí que era verdad todo lo que me lleva diciendo todo este tiempo, algo que no lograba comprender por más que le diese vueltas, algo tan sencillo como apreciar a alguien...a alguien como yo.
Lo que me duele un poco, a parte de lo físico, es no poder decir esto a quien quiero, tener que esconderme en un blog que estoy completamente segura que nadie leerá, porque a nadie le daré la dirección..no lo voy a hacer simplemente porque soy una cobarde que solo sabe herir y pedir perdón después.